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El Oso Paddington, con su sombrero y su sandwich, salta de los libros al cine


El popular Oso Paddington, conocido por su viejo sombrero y su pasión por los sandwiches de mermelada, vive este mes una nueva peripecia al pasar de la literatura al cine, una emocionante aventura que documenta con una exposición el Museo de Londres.

La muestra «Un oso llamado Paddington» -como el título de la primera novela del británico Michael Bond-, presentada hoy y que durará hasta el 4 de enero, reúne entrañables objetos del famoso plantígrado, que, en la historia, llega a la estación de tren de Paddington en Londres procedente «de lo más oscuro del Perú».

La primera edición del libro de debut, dedicada por el autor a su hija, Karen Jankel -nacida justo antes de su publicación en 1958-, es una de las joyas de la pequeña exposición, que recorre los 56 años de existencia de Paddington en el año de su salto al cine.

El próximo 28 de noviembre se estrena «Paddington«, con un reparto estelar en el que figuran Nicole Kidman, Hugh Bonneville y Julie Walters, que cuenta la historia del oso desde que su tía Lucy le envía a Londres de polizón en un barco tras un terremoto hasta que es «adoptado» por la familia Brown.

«Ver a Paddington en el cine es ilusionante pero también bastante abrumador«, declaró hoy Jankel a Efe.

«Ha formado siempre parte de nuestras vidas, y compartirlo ahora con todo el mundo desde la gran pantalla es un gran acontecimiento«, señala la hija del novelista.

Bond, que a sus 89 años sigue escribiendo, está también contento de ver a su creación en manos del director Paul King y el productor David Heyman -responsable de la serie de Harry Potter-, pues sabe que se respetará «la esencia» del osito, explica Jankel, que gestiona su legado.

Un avance de la cinta preside el rincón donde el Museo de Londres ha dispuesto los elementos cuidadosamente seleccionados que cuentan la evolución del personaje, convertido en todo un icono del Reino Unido y en preciado «souvenir» turístico.

Los muñecos utilizados en la primera serie televisiva en los años 70; la parka de la lana, el desvencijado sombrero y la maleta usados en la animación de la nueva película y ediciones traducidas al hebreo o al japonés de las novelas figuran en la muestra.

Destacan también una ilustración original de los libros de Paddington por la artista Peggy Fortnum y el primer oso de peluche del personaje, que Shirley Clarkson, de Gabrielle Designs, diseñó en 1972 como regalo de Navidad para sus dos hijos, Joanna y Jeremy -hoy convertido en el famoso presentador del programa de la BBC «Top Gear».

Curiosamente, Clarkson diseñó el peluche, omnipresente en las tiendas de recuerdos, con botas de agua, porque quería que pudiera mantenerse en pie, algo que no estaba en la novela original pero que Bond incorporó posteriormente.

La llegada de Paddington a la estación londinense del mismo nombre se conmemora en ese lugar con una estatua de bronce de Marcus Cornish inaugurada en el año 2000, que incluye la etiqueta que lleva en el cuello y que reza: «Por favor, cuiden de este oso. Gracias«.

Bond, que vivía cerca de la estación, se inspiró para escribir su relato en un oso de peluche que le compró a su esposa una Navidad porque se apiadó de él al verlo solo en una estantería.

Educado y sensato, el Oso Paddington, por su carácter afable y confiado, suele meterse en dificultades, aunque sus aventuras «acaban bien, lo que gusta a los niños«, dice Karen Jankel.

Jankel señala que, aunque el oso pardo «es más bien serio» y su padre «tiene un buen sentido del humor», comparten características comunes, como «sus buenas maneras y fuerte sentido de lo que está bien y lo que está mal«.

Para celebrar el gran año de Paddington, se han repartido por Londres figuras del oso diseñadas por famosos, como la actriz Emma Watson, que le ha pintado mariposas, o el músico Liam Gallagher, que le ha cambiado su parka azul por una caqui como la suya.

En el Museo de Londres, está la estatua que ha diseñado Benedict Cumberbatch, que le ha colocado en la cabeza, como no podía ser de otra manera, una gorra a lo Sherlock Holmes.

EFE