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Colin Firth se convierte en un héroe de acción en ‘Kingsman’


En dramas como «El discurso del rey«, que le brindó el Oscar, o en comedias como «El diario de Bridget Jones«, Colin Firth siempre ha hecho de la contención virtud, pero en «Kingsman: Servicio secreto» el actor británico se desmelena y demuestra, a los 54 años, sus «habilidades físicas«.

Sin perder un ápice de su inquebrantable elegancia, Firth dispara, corre, da puñetazos y salta por el aires en esta comedia de acción que es algo así como un homenaje gamberro a las películas de James Bond, bajo la batuta de Matthew Vaughn («X-Men: First Class», «Kick Ass»), un director al que el actor no se pudo resistir, según contó en una entrevista con Efe.

«Cuando me ofrecieron el papel lo medité profundamente… durante unos 30 segundos«, bromea con el rostro imperturbable y, después de una pausa añade: «Ni siquiera vi el guión, fue una conversación con Matthew, pero estaba bastante seguro de que quería hacerlo».

En realidad ya había demostrado que los retos le estimulan en «Mamma Mía» (2008), donde se lanzó a cantar las canciones de Abba (pese a no ser nada fan del grupo sueco) o en «A single man» (2009), la opera prima del diseñador Tom Ford, en la que puso rostro y verdad al duelo de un profesor de literatura gay en los EEUU de los 60.

Esta vez, la mayor dificultad ha sido ponerse en forma para las escenas de acción, un logro del que ahora se declara «orgulloso«.

«Al principio pensé que no sería capaz y que tendría que recurrir a un especialista en todas las escenas de acción, mientras yo esperaba tranquilo y feliz en mi caravana«, admite.

Pero el director y los propios especialistas le convencieron. «Fue mucho esfuerzo, dolor, intimidación y resistencia por mi parte. Al principio no quería, no me gusta sufrir, tengo más de 50 y nunca he hecho escenas de acción, pero conseguir lo que he conseguido es muy satisfactorio«, confiesa.

Hasta tal punto está satisfecho que no le importaría repetir. «Aprender una nueva habilidad física siempre es difícil. No voy a decir que llegó a ser fácil, pero sí que llegó un momento en que fue mucho más divertido y me sentía más capaz, y me encantaría volver a hacerlo«, dijo.

La posibilidad de una secuela está ya sobre la mesa. Basada en un cómic de Mark Millar -autor del guión de «Kick-Ass» y de algunas de las series de mayor éxito de los últimos años, como «The Authority» o «Ultimate X-Men»-, «Kingsman: Servicio secreto» cuenta la historia de una organización secreta de espionaje que recluta a un chico callejero (Taron Egerton).

El enemigo a batir es Richmond Valentine, un multimillonario genio de la tecnología cuyo plan para salvar el mundo implica aniquilar la raza humana, al que da vida y singularidad un impecable Samuel L. Jackson.

Otro «gentleman» del cine británico cierra el círculo de estrellas, Michael Caine que, a sus 81 años, ejerce de máxima autoridad de Kingsman.

Sin renunciar a una buena dosis de brutalidad, la cinta juega con todos los clichés del género de espías: la amenaza mundial, el elitismo, la caballerosidad y los trajes a medida, la testosterona y los artilugios tecnológicos: paraguas que disparan balas, mecheros que se convierten en granadas o zapatos con cuchillas desplegables.

«Es un homenaje pastiche a las películas de espías de los 60 y 70«, dice Firth, mucho más «extravagantes y kitsch» que las que se hacen ahora y que a él mismo le embelesaban cuando era niño.

«Hay algo romántico en esa figura infinitamente valiente y solitaria, que puede con todo, es encantador y a la vez capaz de hazañas físicas extraordinarias. Cuando tienes 8 años y no dispones de ningún poder en absoluto, una figura con tanto poder te atrapa, sea un superhéroe o James Bond», comenta.

«Si te lo tomaras en serio y psicoanalizaras a Bond, probablemente llegarías a la conclusión de que es un psicópata pero nosotros no lo tomamos en serio«, añade. «Lo bonito de esta película es que hay que mucha diversión en ella, si no la examinas a la luz de la realidad».

EFE